Tayron, un hombre que busca la felicidad y deja la homosexualidad

Tayron, un hombre que busca la felicidad y deja la homosexualidad

La felicidad es el acto para el cual todos hemos nacido, pero lastimosamente en el trayecto de la historia, tal parece que esta significante palabra se ha simplificado a un placer encerrado en momentos fugaces que nos hacen transportar a una vida soñada, que al siguiente día solo queda el recuerdo.

Mi nombre es Tayron, tengo 22 años, actualmente soy un hombre feliz, porque estoy en el lugar donde tengo y quiero estar, pero más feliz aún por ser quien en realidad soy.

Pero, cabe señalar que no siempre he estado con esta misma perspectiva, y ahora, no con melancolía ni nostalgia, sino por el contrario, con un pasado que es mi historia, que forma parte de mi crecimiento y maduración y que ahora me ayuda a diferenciar entre un superfluo y mediocre placer con una plena y auténtica felicidad.

Quiero escribir mi testimonio como referencia de la argolla que en algún momento de mi niñez y adolescencia me quiso amarrar y llevarme por caminos que no son los que llevan a una clara forma de vida, pero, que gracias a personas concretas y ayudas específicas pude encontrar la llave y escapar de un ensimismamiento que me carcomía por dentro.

Tengo recuerdos de mi infancia, cuando estaba en la escuela que me gustaba una niña, era muy linda, pero algo me hacía percibir un cierto rechazo por parte de ella, y notaba que le prestaba más atención otros chicos y no a mí, yo de pequeño era muy gordo y se presentaron en mí una especie de pechos pronunciados por la acumulación de grasa, eso hacía que mis compañeros de aula se burlen y me griten que tenía senos, algunas veces tanta era la gana de molestarme de ellos que me apretaban mis tetillas pronunciadas y eso me hacía llenar de mucha vergüenza, eso me hacía huir de las reuniones varoniles y acercarme a juntas femeninas, quienes me defendían de los ataques de mis compañeros, con ellas me sentía protegido y aceptado. Pero el huir de las reuniones masculinas trajo varias consecuencias que luego noté, por otro lado, en mi casa había un ambiente no tan agradable, mi papá quien en la mayor parte de mi infancia se mostró frió, ausente y sin mostrar mucha importancia hacia mí, se había dejado llevar por el vicio del alcohol y las mujeres, haciendo de casa un verdadero muro de lamentaciones, pues mi mamá siempre andaba afligida, melancólica y sufrida, pues el rechazo de su marido y la puesta de cuernos era tan evidente que todas las personas cercanas y no tan allegadas a la familia sabían de las realidades internas del hogar.

Soy el último de tres hermanos, mi hermano mayor que me lleva muchos años de delantera siempre buscaba reunirse con amigos de su edad, yo solo tenía en casa a una hermana inquieta y a una madre herida con quien pasar todos los días. Poco a poco, algo raro empezó a despertarse en mí, unas sensaciones no tan normales; chicos del barrio, mayores a mí me empezaban a despertar ciertas emociones internas, tanto así que inicié imaginando escenas en que les daba un beso, luego, al ver las novelas que mi mamá veía, entró en mí el deseo de querer ser como las actrices de la televisión, y es así, que empecé a aislarme y ponerme trapos en la cabeza imitando la cabellera de las actrices, me ponía los tacos y las carteras de mi mamá, y con mucha imaginación, hacía de aquel cuarto cerrado mi propia novela donde yo era la protagonista; luego, empecé a ver a mi profesora como un buen ejemplo a seguir por su carácter y forma de ser, proyectándome un futuro parecido al de ella, y así, encerrado no tanto en mi cuarto, sino en mí mismo, fui creando una vida a escondidas.

Finalmente, mis padres se separaron y quedé a cuidados de mi abuela, los abrazos y los sentimientos de orgullos de mis padres desaparecieron, ellos estaban más ocupados en sus asuntos de adultos, las niñas me seguían gustando, pero ya ellas veían en mí no a un niño atractivo con quien vacilar, sino a una niña con quien contar chismes y jugar.

Así, pasaba el tiempo, llegando a la secundaria, el ambiente cambió por completo, ahora las burlas habían aumentado de nivel, los apodos no se hacían esperar y mi Yo se hacía pedazos. Las profesoras tenían que salir a mi defensa ante los ataques de mis compañeros. Para ellos era un marica, una nena que tiene tetas, que habla y camina como una mamacita.

Todo esto me hacía cada vez más vulnerables, ahora ya no era solo yo el que se alejaba de los chicos, sino que ahora también eran los chicos que no querían que yo me les junte; pero, yo quería encajar, quería encuadrar en el plano, es así que a veces me les acercaba cunado estaban reunidos, y siempre oía temas de pornografía y de masturbación, cosa que yo no tenía ni idea de lo que era, pero, queriendo encajar busqué la manera de saber a qué se refería, es así como un chico de mi barrio me enseñó su teléfono bombardeado de pornografía, y empecé a consumirla, luego, estando solo siguiendo las indicaciones que había escuchado en el colegio, me masturbé, fue la primera de tantas, muchas y cientos de veces, y es así, como los tacones que me ponía a escondidas se fue remplazando por encerradas en el cuarto para masturbarme, ya las novelas no eran para ver las actrices, sino a los actores descamisados que mostraban un cuerpo perfecto, y así, la masturbación no era pensando en chicas, sino en hombres, personaje del que no me sentía pertenecer.

Todo esto me llevó a una profunda depresión, nunca había tenido una novia, me sentía solo, abandonado, sintiendo tantas cosas por dentro que serían algo anormal, la única escapatoria era encerrarme, ver porno y masturbarme una y otra y otra vez.

Queriendo líbrarme de todo esto fui a una Iglesia en busca de ayuda, ayuda que muchas veces, de rodillas y con lágrimas en los ojos le pedía a Dios, pero eso, hizo que todos vean en mí a un chico piadoso que iba casi todos los días a la Iglesia, eso agravó más el asunto, porque fue ahí cuando cree una máscara de niño bueno, máscara que me ponía para tapar la cicatriz enorme que llevaba por dentro y me hacía gritar por dentro.

Queriendo encontrar salida, pensé muchas veces en “salir del closet”, pero había algo que me detenía, había algo en mi interior que me decía que ese no era el camino. Ahora ya salí del colegio y fui a la Universidad, otro cambio para mi vida, cambio de lugar, de personas,
de ambiente, y es ahí donde encontré a una chica, para mí la más hermosa de todas, ella, hizo despertar en mí algo nuevo para mí ¿sería amor?, no lo sé, pero queriendo responder a eso que surgía por dentro empecé a acercarme a ella, cosa que nunca antes había hecho, ni siquiera imaginado hacer, fue para mía algo tan costoso, entablar una conversación con ella, invitarla a salir, a comer, ser amigo de ella, me costó tanto, pero algo por dentro me impulsaba a hacerlo, y lo hacía, tanto así que ella se enamoró de mí, y yo de ella; fue y es la mejor etapa de mi vida; pero, un lado oscuro salía a mi alcance y no me dejaba ser feliz; y era, que después de dejarla en la parada a ella, yo cogía mi rumbo y de repente veía un chico guapo que me llamaba la atención y lo quedaba mirando con detenimiento, sus brazos, sus piernas, su pecho, algo me atraía, he ahí una nueva sensación de contradicción.

Pensando seriamente mi vida, quise tomar una decisión, buscar ayuda, y es la mejor decisión que pude haber tomado en mi vida; algo no estaba bien, y había que resolverlo, es por eso que quise ir a conversar del asunto con alguien, y es así como llegué hasta Miguel León, a quien conocí en una conferencia, y una vez que lo conocí dije: he aquí a quien necesito, di el paso y me acerqué para pedirle conversar con él. Recuerdo aquel día como si fuera ayer, porque es ahí donde inició un nuevo rumbo de vida.

Las conversaciones se prolongaron en varios encuentros de consejería, y cada encuentro era un descubrir, un sacar lágrimas, un remover por dentro, un ir al principio de todo y mirar la vida desde una perspectiva sana.

Ahí, Miguel se convirtió en mi amigo, pude ir descubriendo muchas cosas de mi vida: La ausencia de mi padre, la vulnerabilidad de mi madre quien buscó refugio en su pequeño hijo y a quien quiso sobreproteger, las etiquetas del bulling que me hacían mis compañeros, el distanciamiento de relaciones masculinas, el apego y refugio en grupos masculinos, el no tener una imagen de padre o una figura de hombre en la casa sino solo a mi madre y mi hermana, fueron creando una herida psicoafectiva en mí, creando sentimientos de AMS atracción sexual no deseada por personas del mismo sexo, alimentada por el consumo de pornografía y masturbación compulsiva, esta enorme herida era oculta por la máscara del “niño bueno” que me puse para cubrirla.

El ir descubriendo la razón por la cual se iniciaron las heridas, dándole nombre a cada una de ellas, fue abriendo en mí un camino de reconciliación, mi sanación.

Uno de los primeros pasos fue hablar del tema con mi papá, incluso reclamar por las veces que lo necesité y él no estaba, decirle mi necesidad de tener un hombre como ejemplo para formar mi propia masculinidad, el formar relaciones masculinas sanas no sexuales fue una de las cosas que más me costó, pues luchaba mucho para poder juntarme o unirme al relajo de los otros chicos, pues me había convertido en un niño muy delicado, pero poco a poco, fui adentrándome al juego y ahora ya no me cuesta hacerlo, antes bien, en la actualidad me buscan para formar parte de la jugada; el saberme aceptado, amado, y con un potencial grande que ofrecer hizo descubrir en mí algo que tenía pero no me había dado cuenta; la chica que me gustaba terminó siendo mi novia, novia a la que tenía que proteger, pero, ahora ya había un hombre que se encargara de eso, ese hombre soy yo, he encontrado en mí la capacidad de tomar decisiones, de ser quien aporta, quien cuida y quien resuelve problemas, y uso el verbo encontrar, porque eso fue lo que pasó, no es que haya nacido niña, como muchos me quisieron hacer creer, sino que siempre había y hay en mí ese hombre, que solo estaba dormido, pero que ahora despertó y encontró en él mejor manantial de masculinidad.

Hoy doy gracias a Dios, sí, a ÉL, porque en lo largo de toda mi historia no me ha dejado, por el contrario, lo he percibido muy cercano, y ahora, con un panorama más claro puedo darme cuenta que incluso cuando estaba atrapado en mí mismo creyéndome que no era hombre, ÉL estuvo conmigo, ÉL puso a mi novia en el camino, ÉL puso a Miguel León en mi camino, ÉL agarraba mi mano cuando tenía que recordar los dolorosos pasajes de mi vida, ÉL me abrazaba muy fuerte después de cada charla.

Y, puedo decir, que todo tiene un propósito, tal vez el mío ha sido vivir todo esto, para ahora contar mi testimonio.

Hoy soy un hombre feliz, conquistándose cada día, conquistando mi masculinidad, estoy seguro que si me hubiese dejado llevar por mis sentimientos hoy no estaría diciendo que soy feliz, ahora estudio lo siempre quise, hago lo que siempre anhelé, y vivo con quien me hace feliz cada día.

Ahora, puedo decir que solo la Verdad es capaz de desenmascarar las mentiras e ideologías tiranizadas disfrazadas de libertad, solo la Verdad puede sacarnos de la trampa que nos quiere esclavizar, solo la Verdad puede hacer al hombre verdaderamente libre y feliz.

“La trampa se rompió, y nosotros escapamos” Salmo 123

 

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“Tayron” estuvo en proceso de consejería y acompañamiento desde el año 2017 hasta inicios del 2018.

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